miércoles, 3 de febrero de 2016

Cuando la niebla baja, la inspiración sube

Rosenlaui

Hoy la niebla, las nubes cargadas con nieve mejor dicho, están bajando. Desde las cumbres hasta el lago de Brienz. El agua  está revuelta. Lo que  hace millones de años, o cientos de miles, qué más da, fue un gran glaciar, el Brienzersee y el Thunnersee. Si lo miras con un poco de imaginación e ignoras las pedazo de montañas que tienes enfrente, podrías creer que es la Costa Brava en un día de lluvia. Pero no, estoy en el Berner Oberland, tal vez una de las zonas más duras  de Suiza junto con Graubünden  (Los Grisones), la zona del este de Suiza, donde se situa la historia original de Heidi. El clima, la vegetación, todo más áspero.

Suiza la puedes abarcar fácilmente haciendo excursiones de un día a cada extremo del mapa desde donde vivo. Lo más que vas a hacer son 250 kms de camino. Siempre recomiendo reservar un billete especial que puedes pedir en tu gemeinde (ayuntamiento) para viajar por toda Suiza, todo lo que te de tiempo por 35 francos. Y creedme, puedes ver mucho en un día cogiendo un tren tras otro a lo Phileas Fogg. Así es como conocí los Grisones y gran parte de le Suisse Romande.

Otra experiencia es ir al Ticino, el Tessin, el cantón de habla italiana. En mayo, cuando por lo general abren el paso del Grimsel, un paso histórico donde los haya, puedes desde donde vivo plantarte en el Ticino dejando atrás un día frío, lluvioso y gris aquí en el Berner Oberland, para encontrarte un día cálido, soleado, casi para bañarte en uno de sus lagos más emblemáticos, el lago Maggiore. El contraste del clima a un lado y otro de los Alpes es bestial. Las flores, las palmeras, los paseos, más propios del país vecino, Italia. Pero no, no se te ocurra comer en el Ticino más allá de las 22:30, en ningún restaurante te darán de comer. Ya cerraron la cocina, y el siguiente paso es tomar unas copas, pero no por mucho tiempo. Se recogen pronto, muy pronto, como en el resto de Suiza. Esto me pasó en Ascona, en Lugano también. Qué le vamos a hacer.  

El primer año viví en Fribourg, en la frontera entre la parte francesa y la parte alemana. Allí las dos lenguas cohabitan  como si fuera lo más normal del mundo. Con el paso del tiempo me di cuenta que no era exactamente así. A los suizos de la parte francesa no  les gusta hablar el alemán, aunque lo estudien en la escuela, y lo mismo pasa con los suizos de la parte alemana, tienen conocimientos de francés por lo que aprendieron en la escuela, pero por lo general, no les gusta hablarlo. Eso sí, tanto unos como otros tienen más simpatía o  sintonía de chapurrear el italiano, otro de los idiomas oficiales del país. ¿Curioso no? 

Lo más gracioso es que nada más llegar a Suiza empecé a escuchar casi más árabe que francés, por  mis compañeros que eran casi todos tunecinos y algunos portugueses. Uno de ellos era brasileño, me hablaba en español pero con acento de andaluz, ozú. Lo más gracioso que he visto en mucho tiempo. Todo porque vivió tres años en Sevilla.  Me contó una anécdota muy graciosa que tuvo con su jefa una vez que no pudo ir al trabajo:

Brasileño: Jefa, que hoy  no puedo ir al trabajo.

Jefa: ¿Qué te pasa?
Brasileño: Esto que...que me he levantao  cachondo.

Confundió pachucho con cachondo. ¡Estas cosas pasan!

De Fribourg recuerdo su gente amable, los clientes te ofrecían café y pastitas, preguntaban por tí, de dónde venías, cosas así. El altstad (el centro histórico) es digno de visitar, impresionante con el serpenteante rio Sarine. O el gran balcón, el que separa la parte nueva de la ciudad con la vieja. La Catedral, espectacular. Mi primer barbero era un italiano que tenía una pequeña barbería en el corazón de la antigua ciudad medieval. Lo bueno de Fribourg era que estaba a medio camino de ciudades tan importantes como Berna, la capital, o Lausanne, una de las ciudades con más movimiento del país. Pero no tienen desperdicio Vevey, que junto a Montreux, Geneve y Lausanne están situadas a orillas del lago Leman. Puedo decir sin temor a equivocarme, que el atardecer más espectacular que he visto en mi vida ha sido en Montreux, teniendo de compañero de excepción  a la famosa estatua de Freddie Mercury.


 Montreux
Berna, como decía, es la capital de Suiza. Los primeros tres meses que viví a pocos kilometros de allá, en Bremgarten, me recorrí toda la ciudad escudriñando todas y cada una de sus calles, sus callejones, parques y paseos. Encontrarse en una ciudad tan bonita más solo que la una resulta extraño.

De otras grandes ciudades no puedo opinar gran cosa. Geneve siempre la dejo de lado porque siempre  voy allá de paso, a dejar o a recojer a alguien al aeropuerto, o para ir a España o volviendo de ella, pasando de largo. Un par de veces me  metí en la ciudad pero nunca para intentar conocerla a fondo. Lo mismo me pasa  con Basel. He estado en su aeropuerto muchas veces, en sus estaciones de tren, en sus alrededores, pero nunca me he tomado el tiempo para conocerla. Ahí queda pendiente. Aunque todos me dicen que por lo general es bastante fea. Zurich la conozco un poco mejor, se puede decir que tiene cosas bonitas, pero también estresantes como la cantidad de tranvías que circulan a la vez por el centro, la prisa que  meten a los peatones en los pasos de cebra...eso sí, la oferta de cosas para hacer o ver es mucho más amplia siendo una gran urbe. Visitar sí, vivir allí ni de coña. 

Luzern ( Lucerna), es la ciudad más cercana que me queda desde donde vivo, a 50 kms. Es una de las ciudades más turísticas, a los pies de los Alpes Suizos, con el lago de los cuatro cantones espectaular. La vista desde su montaña más emblemática, el Pilatus, es sencillamente genial. Eso sí, prepara previo pago alrededor de los 70 francos para subir durante casi media hora en teleférica hasta la cima.




 Monte Pilatus y lago de los cuatro cantones.

Pero si pienso en lo más cercano, sin salir del Berner Oberland. Puedo decir que Thun es una ciudad digna de visitar, para nada estresante y con más cosas que hacer. Interlaken por ejemplo, que me queda a 15 minutos, conocida internacionalmente por ser la conexión con una de las atracciones más populares del país y de Europa, subir al JungFrau. Aunque  no paren de ir y de venir turistas, es una ciudad pueblo. Puedes encontrarte fácilmente a mucha gente que conoces de la región. Cualquiera de las direcciones que tomes desde Interlaken tienen sitios bonitos para ver, pero sigue estando sitiada entre montañas, ese micromundo, donde parece que todo lo que pasa en el resto del mundo queda lejos, como si nos cobijaran las montañas de lo de fuera, o nos engulleran, si lo miras de otra manera.

 Grosse Scheidegg

Vivir rodeado de lagos, cataratas, glaciares por los que puedes pasear (todavía), rincones donde la naturaleza te  abruma, pero te falta algo. Al extranjero, y más a un español, le falta algo, lo sabes perfectamente cuando llevas varios años viviendo entre las grandes montañas. Y es ahí donde quiero ir a parar con todo este viaje contado por Suiza. La perspectiva cambia, y cuando crees que sacas más cosas en claro, que las sacas, se te agolpan muchas otras dudas y preguntas. Y así como una rueda de hamsters sin fin. 

Es la hora de comer y no para de llover. Voy a los fogones esperando que al menos caiga una buena nevada para luego poder esquiar. Habrá que adaptarse a el tiempo, igual que con todo.




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